El agua es el origen de la vida y, aunque solemos darla por sentada, su presencia es un milagro cotidiano. En el Día Mundial del Agua, vale la pena recordar que no solo cubre más del 70 % del planeta, sino que también nos compone: los humanos estamos formados en gran parte por agua, como si lleváramos un océano dentro.
Nuestros tejidos, órganos y hasta nuestras células dependen de este líquido vital para funcionar correctamente. Y si miramos más allá de nuestro cuerpo, encontramos el mar, un ecosistema fascinante que regula el clima, produce oxígeno y es hogar de una biodiversidad impresionante. Sin lugar a dudas, es mi espacio favorito !!
Cuidar el agua no es solo una responsabilidad ambiental; es proteger nuestra propia esencia. Desde pequeños gestos como reducir el desperdicio hasta decisiones más conscientes sobre su uso, cada acción cuenta. Porque al final, somos agua y vivimos en un planeta azul que merece ser preservado.
Si nos paramos a pensar, realmente somos pequeños océanos andantes. Nuestro cuerpo está compuesto en un 60-70 % por agua, y su equilibrio es clave para funciones vitales. De hecho, nuestra sangre tiene una composición similar al agua de mar en cuanto a minerales, lo que refuerza la idea de que la vida en la Tierra surgió del océano y aún llevamos ese rastro en nuestro interior.
Sabemos que la cantidad de agua en la piel es la clave de la juventud y la hidratación es esencial para una piel saludable. Un buen nivel de agua en las células mantiene la elasticidad, previene arrugas y favorece la regeneración.
No se si sois conscientes de que los océanos son nuestros pulmones azules. Aunque solemos pensar que los bosques, nuestros pulmones verdes, son los grandes productores de oxígeno, en realidad los océanos generan más del 50 % del oxígeno que respiramos, gracias a organismos microscópicos como el fitoplancton. Sin mares saludables, nuestro aire y clima se verían gravemente afectados.
Desde tiempo remotos se venera y conoce el efecto del mar en nuestro bienestar. El simple hecho de mirar el mar se sabe que reduce el estrés y mejora la concentración. Escuchar el sonido de las olas tiene un efecto relajante en el cerebro, similar a la meditación. Además, el agua salada y la brisa marina favorecen la oxigenación de la piel y ayudan en afecciones como la dermatitis, andar por la orilla del mar mejora mala vascularización, la arena es uno de los mejores y mas sanos exfoliantes de la piel, etc.
Por todo esto y más sabemos que cuidar el agua es cuidar de nosotros mismos. Cada gota cuenta. Pequeñas acciones como reducir plásticos, evitar desperdiciar agua o apoyar iniciativas de conservación marina tienen un impacto real. Nuestro planeta azul y nuestro propio cuerpo dependen de ello.
LA CURA PARA TODO SIEMPRE ES EL AGUA SALADA: EL SUDOR, LAS LAGRIMAS O EL MAR. KAREN BLIXEN.
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